Diagnóstico temprano ayudaría a enfrentar futuros brotes de virus a bordo de cruceros

Por Sebastián Betancourt

@PortalCruceros


Pablo González, investigador del Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia y académico de la Universidad Católica.

El caso del brote de hantavirus a bordo del crucero Hondius y, luego, de norovirus al interior del Ambition pusieron sobre la mesa la posible vulnerabilidad de la industria crucerista ante situaciones de este tipo, en las que una bacteria se puede propagar con mayor posibilidad dadas las condiciones de encierro que se presentan dentro de las embarcaciones. Pablo González, investigador del Instituto Milenio en Inmunología e Inmunoterapia y académico de la Universidad Católica, planteó los desafíos que el sector tiene por delante para mejorar la manera en que estas situaciones de pueden abordar, donde uno de los puntos clave es contar con un diagnóstico temprano.

En ese sentido, el docente planteó que “estos barcos, entre más grandes, están con mejores capacidades para tratar a personas enfermas o para aislarlas, muchos barcos cuentan hoy con ventiladores mecánicos y personal de salud de punto fijo, eso es muy positivo. Lo que habrá que ver en el futuro, es si es que esa preparación se puede mejorar; tener más espacio para, eventualmente en caso de ser necesario, poder tener en cuarentena a más personas si es que se trata de un virus o una bacteria de preocupación; también contar con herramientas de diagnóstico, lo cual no es obvio con tantas enfermedades, que no es práctico tener un laboratorio arriba de un barco por un asunto de costo y especialidad que se debe tener para ello”.

“Lo que ayuda mucho a poder tomar o definir cursos de acción, es el diagnóstico. Lo ideal es contar con un diagnóstico temprano de qué está afectando, qué está circulando y saber cuál es el problema. Eso es algo que la ciencia debe ir apoyando en proveer mejores soluciones y más fáciles que puedan miniaturizarse o crearse de forma portable para que en embarcaciones de distintos tamaños se pueda contar con esa capacidad de diagnóstico y, así, poder tomar las medidas correspondientes. Siempre ayuda mucho saber a qué nos enfrentamos para tomar acciones”, enfatizó González.

En cuanto a la vulnerabilidad de la industria de cruceros, de acuerdo con el especialista, la variedad de las procedencias de los pasajeros y de los territorios que se visitan es un elemento que favorece la aparición y expansión de los brotes dentro de los barcos. Sin embargo, remarcó que no son situaciones nuevas y que es necesario mejorar la preparación para atender eventos de mayor magnitud.

De acuerdo con el investigador, a bordo de las embarcaciones “se dan escenarios que pueden favorecer brotes. Justamente, son personas -los pasajeros- que vienen de distintas localidades, distintos hemisferios con invierno en unas partes y verano en otras con diferentes bacterias circulantes en cada lugar, distintos estados de inmunogenicidad, diferentes susceptibilidades; muchas veces, es gente adulta mayor la que predomina en estos viajes, lo cual podría poner en riesgo a esa población en particular”.

“No es raro que ocurran brotes de patógenos en cruceros, esto dado porque se dan condiciones que, en algunas situaciones, favorecen la propagación de estos microorganismos. Entonces, ha ocurrido en el pasado que han habido brotes de influenza, de Covid -en su momento, cuando se inició la pandemia-, de norovirus y, por tanto, de vez en cuando ocurren brotes”, señaló González.

“Creo que no es nuevo, es algo que ha sido así por mucho tiempo, entonces lo que hay que hacer es mejorar una preparación para que, en la eventualidad de que ocurran brotes de alta seriedad en términos de salud, se pueda responder rápidamente de la mejor manera, tener protocolos de aislamiento adecuados, contar con espacios suficientes para asilar a las personas que se encuentran enfermas o que sean potencialmente contagiosas, contar con material de protección personal para los equipos de salud a bordo de las embarcaciones e, incluso, para los mismos pasajeros ante un eventual brote de un virus respiratorio”, complementó.

En cuanto al caso particular del crucero Hondius, donde un brote de hantavirus provocó la muerte de tres viajeros, el docente explicó que “uno de los factores que complicó la situación, es que no había un diagnóstico inmediato y certero respecto al patógeno que estaba afectando a los pasajeros. Esto, porque también muchos virus y bacterias tienen síntomas muy comunes en los primeros días, entonces a veces es muy difícil determinar de qué se trata y eso puede conllevar a que la infección se amplifique”.

“En función de que el cuerpo médico de apoyo de salud esté bien informado sobre las enfermedades locales, va a ayudar a determinar mejor las probabilidades de que se estén enfrentando a un patógeno y tomar medidas preventivas o de mayor precaución para evitar potenciales propagaciones a bordo. Probablemente, este suceso que ocurrió recientemente ayudará a que equipos médicos que son parte de las tripulaciones en este tipo de barcos también se familiaricen más con algunas enfermedades que son raras y están presentes en los destinos”, planteó el investigador.


 

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