Harry Chávez presenta obra que decora el remodelado Delfin I

Por Redacción PortalCruceros

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Delfin Amazon Cruises

La obra del artista Harry Chávez fue elegida para decorar el Delfin I, de Delfin Amazon Cruises. Su creación no se limita a pintar la Amazonía; sino que la escucha. Para él, la selva no es un telón de fondo, sino un interlocutor complejo donde animales, plantas y la geometría de las riberas componen un lenguaje que ha tardado años en descifrar.

La obra, ahora parte integral de la experiencia a bordo del Delfin I, actúa como un puente entre la realidad visible y el mundo espiritual de la selva.

Su inmersión en el universo andino-amazónico no comenzó con el paisaje, sino con los objetos. “Lo primero que me conmovió fue encontrarme con las obras de arte prehispánicas y las piezas ceremoniales que usaban las comunidades amazónicas. Su belleza y sofisticación no eran solo visuales; albergaban códigos, recuerdos, cosmologías enteras. Me abrieron una puerta que ni siquiera sabía que estaba buscando”, recordó Chávez.

Esa puerta lo llevó a explorar las tradiciones chamánicas peruanas y el uso de las plantas maestras, entendiendo que el conocimiento en la selva se transmite a través de visiones. Para Chávez, “el arte es un puente hacia otras dimensiones. Da forma a lo que sentimos pero no podemos ver; puede cambiar el estado mental de una persona, transformar un espacio, evocar recuerdos”.

La propuesta de Chávez va más allá de lo estético; es una respuesta a lo que él diagnostica como una falencia contemporánea. “Vivimos una profunda crisis de imaginación. Hemos perdido la capacidad de crear nuevas historias que nos ayuden a vivir con propósito y conexión”, explicó el artista.

En su visión, la Amazonía resguarda esas historias perdidas, narrativas donde humanos, animales y espíritus comparten el mismo plano de realidad. En sus obras, la anaconda o el otorongo no son meras ilustraciones de biodiversidad, sino fuerzas y maestros entretejidos en patrones que evocan mapas cósmicos indígenas.

El lenguaje visual de Chávez es un híbrido fascinante que une el dibujo académico con una construcción modular casi arquitectónica. El proceso comienza con un boceto detallado a grafito, donde cada símbolo se coloca con intención ritual. Posteriormente, el dibujo se traduce a un mosaico compuesto por miles de cuentas.

Es un trabajo de paciencia inmensa, lento y meditativo, que puede tomar semanas. El artista cita influencias diversas, desde las vibrantes superficies del arte wixárika en México y el kené shipibo en Perú, hasta el puntillismo aborigen australiano.

El resultado final trasciende el concepto tradicional de mosaico. Las piezas, ricas en textura y dimensión, permiten que la luz se deslice sobre ellas como el agua del río, convirtiéndose en lo que la crítica podría definir como un “códice contemporáneo”.

Este enfoque meticuloso encontró su lienzo ideal en la remodelación del Delfin I. Lejos de buscar una decoración temática convencional, Chávez creó una constelación de seres que habitan la embarcación como presencias vivas.

“Los animales no están ahí para decorar una pared. Son parte de una historia más grande: una historia sobre la memoria, la transformación y la inteligencia de la naturaleza. Son protectores. Son un mapa”, definió el artista.


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