Por Redacción PortalCruceros
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La reconocida escritora estadounidense Mary Morris relató su experiencia a bordo del velero de lujo Wind Spirit durante su travesía por el mar Egeo, describiendo una perspectiva íntima de los paisajes, la cultura local y la navegación en barcos de pequeña escala a través del circuito de las islas de Grecia.
El relato de la autora comienza con una profunda fascinación por el entorno marítimo, señalando que el viaje debería iniciar evocando el tono particular del agua. Según sus propias palabras, se trata de “un azul que nunca antes había visto en la naturaleza; profundo y tintóreo, el azul más iridiscente que he contemplado, y se extendía por millas y millas”.
Esta estimulación visual marcó el ritmo de una travesía que Morris equiparó con las grandes obras de la literatura clásica, recordando que, mientras leía a Homero en un viaje de juventud, comprendió que una estructura narrativa circular como La Odisea solo podía haber surgido de una cadena de islas como la griega, donde “cada isla se convierte en un episodio, cada una con su propia historia que contar”.
Antes de embarcar en el Puerto de El Pireo, Morris y su esposo pasaron dos días en Atenas para adaptarse al huso horario y al intenso calor estival de junio. Durante su estancia en la capital, se alojaron en lugares con vistas directas a la Acrópolis, estructura sobre la cual reflexionó respecto a su peso histórico y el legado estético del estadista Pericles. La escritora prefirió evitar los restaurantes turísticos preestablecidos para integrarse en la dinámica local de las calles, destacando el hallazgo de pequeños establecimientos tradicionales donde “la gente reía, el vino fluía y los platos de mariscos no paraban de llegar”.
Asimismo, dedicó parte de su tiempo a visitar el Museo de la Acrópolis, donde se conmovió ante la exhibición de las réplicas de los mármoles de Elgin, un montaje con el que el país heleno emite una declaración clara sobre el reclamo de sus piezas originales protegidas en Londres.
El traslado hacia el muelle de embarque fue guiado por un taxista local llamado Costas, quien al definir la identidad de Atenas dejó una impresión duradera en la autora al afirmar que la amaba porque es una ciudad fea, que no tiene sentido ni el atractivo de París o Roma, pero que posee un carácter único.
Al llegar al puerto, la pareja abordó el Wind Spirit, un velero de cuatro mástiles y aproximadamente 130 cabinas operado por la línea Windstar Cruises. Morris describió los momentos iniciales de la navegación como un ritual conmovedor, detallando cómo la voz del capitán resonó por los altavoces para anunciar el izado de las velas mientras se reproducía la banda sonora de la película 1492: Conquista del paraíso, compuesta por Vangelis, un instante en el que “todos los huéspedes permanecieron inmóviles, como firmes, mientras partíamos hacia nuestro próximo puerto de escala”.
La primera parada del itinerario fue Mykonos, un destino sobre el cual la escritora admitió haber tenido prejuicios debido a su reputación ligada al turismo de celebridades y el lujo excesivo. Sin embargo, el viaje reveló una faceta mucho más serena. Tras alejarse del centro urbano en un trayecto rural en taxi, Morris localizó la playa de Agios Sostis y el rústico restaurante Kiki’s, una pequeña cabaña con terraza cubierta de enredaderas sobre el mar. Mientras esperaba por una mesa, la autora aprovechó para nadar en el Egeo, describiendo la experiencia en términos absolutos al afirmar que ingresó a “la agua más limpia y azul que jamás haya visto”, añadiendo la dificultad de retratar la dulzura del agua, el aire y el suave batir de las olas, concluyendo que “es difícil describir el paraíso”.
La ruta del Wind Spirit continuó hacia el Puerto de Kusadasi, Turquía, para visitar las ruinas de Éfeso. Morris resaltó el valor del programa Destination Discovery Event de la línea naviera, el cual consistió en una cena exclusiva a la luz de la luna y un concierto de cuarteto de cuerdas en el patio de la antigua Biblioteca de Celso, edificación que albergó doce mil pergaminos hace dos milenios.
La escritora calificó este evento como uno de los puntos cumbres del viaje, disfrutando de la gastronomía local sin multitudes ni apresuramientos bajo las estrellas. De regreso al barco y tras una escala en Patmos, Morris hizo uso de la plataforma de deportes acuáticos retráctil situada en la popa del velero para nadar en el mar abierto, donde experimentó la fuerza de las corrientes marinas antes de cenar en el restaurante de cubierta Candles.
El arribo a Santorini ofreció una vista impactante de las icónicas fachadas blancas y cúpulas azules sobre los acantilados de la caldera volcánica. A pesar de la advertencia del capitán sobre la presencia de otros cinco cruceros en la zona, la pareja decidió tomar una excursión en catamarán de cuatro horas alrededor del cráter inactivo.
No obstante, la experiencia terrestre en el pueblo de Fira se tornó complicada debido a la excesiva congregación de visitantes que hacía que la calle principal se asemejara a Times Square en la víspera de Año Nuevo. Ante las largas filas para el teleférico, Morris y su esposo optaron por descender a pie los más de 250 escalones de piedra de la ruta tradicional bajo el sol de la tarde, un trayecto accidentado y caluroso que les tomó 90 minutos y que la autora utilizó como una lección de viaje sobre la importancia de evitar las horas de mayor sensación térmica.
La travesía concluyó en Nafplio, en la región del Peloponeso, un destino que Morris calificó como un descubrimiento deleitable debido a la calidad de su comercio local, sus mercados de agricultores con hojas de higuera y limones, y las tiendas especializadas en amuletos tradicionales.
El viaje de retorno hacia El Pireo estuvo marcado por una última alocución del capitán y el izado final de las velas, esta vez ambientado con la voz de Andrea Bocelli interpretando Con te partirò. Como cierre de su bitácora, la escritora citó los versos finales del poema Ítaca de Constantino Cavafis, manifestando su gratitud por los viajes maravillosos que concede el destino y concluyendo con la satisfacción de haber emprendido la navegación.






